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domingo, 1 de julio de 2012


Un resplandor me despertó. Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; el hombre es a la larga , sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de sueños yo regresé como a mi casa, a la dura prisión. Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar, ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo. El éxtasis no repite sus símbolos; hay quien ha visto Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada, o en los círculos de una rosa. ¡Oh dicha de entender más que de entender , mayor que la de imaginar o sentir! Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales desdichas o desventuras, aunque ese hombre sea el. Ese hombre ha sido él y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora es nadie. Por eso no pronunció la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad. La escritura del Dios - Jorge

imagen:1929, Lucky Star, F. Borzage - H. Oliver