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sábado, 5 de mayo de 2012



Lala Garcia

El retrato de Perla (Parte I)
Perla y Aureliana

"Vamos mi niña, que no ha pasado nada. Deja de llorar ya, se te va a borrar la mirada. Mira que una pintura vieja en un baúl no implica ni significa nada." - Argumentaba la impávida vieja al ver a su nieta entre lágrimas ahogada. “Meme mía, ¿es que acaso no reconoces la imagen de la pintura? Es ella, la maldita gitana de las extravagancias. ¿Qué hace ese cuadro en uno de los baúles de Alejandro? ¿Cuándo la pintó? ¿Por qué lo guarda?" - Gritaba en sollozos la pobre Aureliana. No bastó ese verano de infiernos a orillas de esa playa lejana, ahora el pasado la enfrentaba.

Dos años atrás...

"Escúchalos Meme mía... ¡Son los gitanos! Estas vacaciones pintan ser unas inolvidables. Lejos de la quietud de la Villa, el mar, las gaviotas, la tía, tu y ahora, ellos... Los gitanos. ¡Vamos Meme mía, date prisa, quiero llegar hasta su campamento!"- Decía con gran excitación Aureliana.

Era la primera vez que la joven salía de Villa Nostalgias. Había vivido toda su vida de su casa al liceo, del liceo a su casa; de su casa a la iglesia, de la iglesia a su casa; y de vez en cuando, su padre le dejaba ir a la Plaza, luego de días de ruegos y llantos. Aun así creció siendo una de las jóvenes mejor preparadas de la comarca. Sabía cinco idiomas, cantaba, bailaba ballet, pintaba... En fin, era todo un dechado de virtudes, además de ser muy hermosa.

Era delgada, un figura estilizada. Ojos claros, celestes, piel rosada, labios carnosos y el cabello parecía seda escarlata. Caminaba como si estuviera flotando y su voz era como los arpegios de una arpa. Una joven muy dulce que fue criada por su padre y su abuela materna, pues su madre falleció a los tres meses de haber nacido la niña. Era la vida de Don Marco Antonio y Meme mía, como ella le decía.

Nadie se explicaba como viviendo una vida encerrada, Alejandro Alcántara, famoso artista de la capital, se había comprometido con la joven. Nadie conocía esa historia de amor que una tarde salió a la luz en las notas sociales de todos los periódicos de la comarca: "Aureliana Santisbán Marques, hija única y única heredera del reconocido orfebre y diamantino de Villa Nostalgias, Marco Antonio Santisbán de Almedero, fue pedida en matrimonio por el también reconocido artista Alejandro Alcántara y Zalinas. Cerrando el hermoso compromiso con una deslumbrante sortija de diamantes y zafiros diseñada especialmente para la doncella por su propio padre. Todo sucedió en una íntima cena en la casa de campo del artista. Sólo un grupo íntimo e ínfimo de amistades les acompañó en tan especial momento. Aún no tienen fecha para el matrimonio, pero el padre de Aureliana les puso como condición que debían esperar a que la joven terminara sus estudios en Literatura. Pronto sabremos más acerca de esta inaudita historia de amor." Esto fue el comienzo de la pareja, por lo menos para la elite de Villa Nostalgias.

Llevaban dos años de compromiso, cuando la joven culminó sus estudios de Literatura, comenzaron los preparativos de la boda, tal cual su padre les había pedido. La joven estaba muy emocionada. La tía de Alejandro, Marí José, una mujer de sociedad, se estaba haciendo cargo de todo. Ese matrimonio sería todo un evento. No estaban escatimando en gastos.

A meses de la boda, la tía Marí convenció a Don Marco Antonio que dejara ir a la Aureliana a su casa de playa. La joven estaba algo tensa y la tía Marí quería ayudarla a relajarse: "Todas las tensiones siempre desaparecen a orillas del mar." - solía decir la cosmopolita mujer. Luego de varios intentos y la promesa de que Alejandro no las acompañaría, el padre celoso dio el consentimiento.

La joven preparó sus maletas con gran afán. La Meme la ayudó mientras arreglaba las suyas también. Compraron vestidos nuevos, zapatos, bolsos, todo lo que una joven de veintitantos años suele comprar para un viaje de verano. La tía la ayudaba a escoger y le alimentaba la ilusión por el viaje. Sabía que la joven nunca había salido de la comarca, así que tenía un itinerario muy especial para el viaje.

Fueron dos horas de viaje. El camino a la playa era hermoso. El cielo estaba más azul que nunca. Mientras más se acercaban a la casa, se podían ver palmeras enormes, las gaviotas, casas coloridas, jóvenes caminando en grupo. El sol, brillaba como nunca antes lo había visto. Aureliana parecía una niñita toda emocionada.

Al llegar a la enorme casa de playa pintada en tonalidades de azul, la joven quedó alucinada. Aun cuando estaba acostumbrada a vivir en la opulencia, esto era otra cosa. Parecían haber llegado a un hotel pequeño en las orillas del Mediterráneo. Si el exterior era tan paradisiaco, no se imaginaba el interior de la casa.

La casa contaba con tres pisos, finamente diseñados y decorados. Cortinas traslúcidas para que la luz fuese parte de la decoración. Era un espacio abierto el primer piso, biombos servían como divisores, dando un aire de mayor amplitud. Muebles finísimos en color blanco hueso, pinturas de Alejandro, sus esculturas, un piano de cola en medio de la sala de estar, libreros, en una esquina una hamaca hermosa color lila... Era un sueño. El segundo piso era la cocina, el comedor principal, un estudio de arte y un increíble balcón con la vista mas espectacular que había visto ser alguno. El tercer piso eran las habitaciones y una pequeña sala con libros y mas pinturas de Alejandro. Se me olvidaba, la casa constaba con un ático también, este guardaba recuerdos fantasmales y posesos.

Ya instaladas las tres mujeres, se reunieron en el balcón a refrescarse y a charlar. Aureliana no podía ocultar su asombro. Hablaba sin respirar. La tía Marí José se reía al verla tan feliz y emocionada y la vieja Meme, trataba de calmar las ansias de la joven. Estuvieron largo rato en el balcón planificando sus días en la playa. Una mujer algo madura entraba y salía con frutas, quesos, vino, agua... Fue esta la que en algún momento les indicó que la cena estaba lista y que si la tomarían en el balcón o en el comedor. "Iremos al comedor Lula, sirvan allá mi negra bella y gracias." - dijo amablemente la tía. Entraron al comedor donde Lula y otra joven servían la mesa. Aureliana pensaba que su vida se estaba convirtiendo en un cuento de hadas.

Su cuarto en la comarca era el más grande y lujoso de la casa. Tenía un balcón que daba a la playa. Ella podía escuchar el vaivén de las olas y percibía el olor a sal. El viento se colaba traviesamente por las ventanas jugando con las cortinas. Fue cuando de repente escuchó a lo lejos un cantar algo especial. Se asomó al balcón y vio una fogata y alrededor de ella un grupo de personas cantando y bailando. Entonces escuchó a la negra Lula decirle a la tía, que estaba en el cuarto de al lado: "Sra. Marí, llegaron los gitanos hace ya dos semanas. La Villa está revuelta. Se imagina usted quien regresó con ellos esta vez. Ella está hermosísima, pero Perla está aun mas bella." "¡Silencio Lula, no hablemos de Perla!" - fue la contestación de la tía.

La joven sólo prestó atención a los gitanos. Esto la excitó aun mas. Siempre soñó con conocerlos y parecía ser que su sueño se haría realidad. Su vida era bella. Esa noche durmió tranquila escuchando el cante jondo de una mujer, un cante que le llegó al cuerpo.

"Buenos días Srta. Aureliana. Aquí le traigo su desayuno. Espero le siente bien. Su tía me pidió la excusara pues tuvo que ir al pueblo. Necesitaba hacer unas compras y se marchó temprano. Dijo que disfrutara de la mañana y la tarde, que explorara todo y que se encontrarían al anochecer para dar un paseo por la Plaza del pueblo. La Plaza por las noches se enciende y con esos aquí, aun mas." - iba contando Lula mientras la jovencita servía el desayuno y Aureliana se estiraba como los gatos. Lula abría las cortinas y la puerta del balcón. "¿Esos? ¿Hablas de los gitanos verdad? Anoche les escuché. ¡Qué maravilla! Haré lo que la tía me dice. Comeré el desayuno, me arreglaré y saldré a conocer los gitanos. ¿Podrías decirle a mi Meme que se prepare?" Lula abrió sus enormes ojos verdes y moviendo su cabeza en desapruebo: "Srta. No creo sea buena idea que vaya a donde esos. Usted no está acostumbrada a estas cosas. No debe ir sola. Espere por su tía, es un peligro que vaya sola." Diciendo esto, salían ambas mujeres de la habitación, pero Aureliana no escuchó a Lula.

Terminó de comer su desayuno cuando entró la Meme al cuarto. "Escúchalos Meme mía... ¡Son los gitanos! Estas vacaciones pintan ser unas inolvidables. Lejos de la quietud de la Villa, el mar, las gaviotas, la tía, tu y ahora, ellos... Los gitanos. ¡Vamos Meme mía, date prisa, quiero llegar hasta su campamento!"- Decía con gran excitación Aureliana saliendo de la cama directo al cuarto de baño. "Busca mi traje verde, el de los hombros al descubierto y las sandalias de cuero. Saca el pañuelo verde de seda y busca mi collar de perlas. Tráeme el jabón de gardenias y la colonia, Meme mía. Date prisa." Gritaba desde la regadera la joven mientras la mujer buscaba todo lo que esta le pedía. "Aureliana mía, Lula me ha dicho que no es conveniente que te acerques tan siquiera a ellos. Eres muy inocente y no estás acostumbrada a este tipo de gentes. ¿No crees que será mejor esperar por la tía Marí Josè?" - argumentaba la vieja. "Para nada Meme, no quiero esperar. No creo que sean tan peligrosos, creo que son exageraciones de las gentes. Además es de día, ¿qué podría sucederme a plena luz del día? Vamos mi viejita linda, ayúdame a arreglarme." La mujer la miró con preocupación pero aun así, le ayudó a arreglarse.

Bajaron juntas y en la estancia, la joven le preguntó a una de las mujeres que estaba limpiando cómo llegar hasta el campamento de gitanos. Esta salió un momento y regresó con un hombre, parecía ser uno de los que trabajaba en la casa. Este las llevó hasta la entrada del campamento en uno de los autos de la tía. "Srta. aquí les espero. Cualquier cosa, estaré pendiente, no duden en buscarme. Espero la pasen bien y que no hayan recriminaciones luego. Por favor, tengan cuidado." - dijo Juaco con recelo. "No te preocupes, nada pasará. Gracias por ser mi cómplice." dijo Aureliana con una sonrisa encantadora. ¿Quién podría negarle algo a esa sonrisa!

Ya en el campamento, Aureliana sentía sus latidos cada vez más fuertes. Creía estar en uno de esos relatos que había leído en sus estudios de Literatura. Cerraba los ojos para poder percibir los diferentes olores a especias y aromas extravagantes. Se dejaba acariciar por el sonido de algún bandoneón a la lejanía. Caminaba por entremedio de las mesas observando todo y de vez en cuando se detenía a mirar y preguntar. ¡Qué colorido todo era allí! Las mujeres parecían fuertes y a la vez sensuales. Los hombres eran rudos, sin modales pero llamaban mucho la atención. Los niñitos eran muy ágiles y hábiles, le comieron el corazón. Y los viejos, la hicieron suspirar al escucharles hablar y cantar. ¿Por qué se preocupaban tanto los demás? No veía peligro alguno en estas gentes.

Se acercó a una carreta diferente, mas grande y vistosa. Estaba adornada por unos velos anaranjados, violetas y verdes. Salía un aroma exquisito y se escuchaba una mujer cantar adentro:

"Ayyyy no me lo explico
No me lo pueo entender
Este turbio corazón mío
Mira que me hace estremecé
Mira que me muero por su piel"

"Ayyyy como te olvío
No lo he podío entender
Te metiste en mi cuerpo
En mis venas
En mi ser...
Como te olvío gayí de mi querer..."

Aureliana se quedó inerte cuando la vio salir de la carreta, Perla. Vestía esta vez de violeta y negro. Parecía un espejismo en la niebla. Llevaba sus rizos recogidos al descuido, sus ojos maquillados y felinos, los labios carnosos y su cuerpo estaba en la lujuria encendido. "Vamos a ver... ¿Que la ha traído por estos lares a la damisela de verde? ¿Quiere que le lea la suerte o que le prepare un perfume diferente? No, ya se... Quiere que a vivir un poco le enseñe... Eso es, eso es..." - decía esto y caminaba cercando a Aureliana, quien aun no decía nada y la miraba maravillada.

Ya frente a frente: "Me llaman Perla. No creas nada de lo que dicen por esos vientos de mi, que no soy tan perversa. Me gusta vivir la vida libre y sin cadenas. Que no tengo la culpa de que los hombres quieran amarrarse a mis trenzas. Yo no los busco, ellos solititos llegan. Y a ti, ¿cómo te llaman? ¿Quién es esa que me mira con rareza?" le preguntaba mientras las encaminaba lentamente a la carreta principal. Casi nadie entraba a esta carreta.

Aureliana despertó del letargo al verse dentro de la carreta, se presentó y le contó en minutos su vida. Sintió un deseo extraño de contarle todo a esta gitana. Le habló de su niñez, sus estudios, su padre y de Alejandro. Meme no se sentía cómoda con la situación, pero nunca antes había visto a su nieta tan feliz y tan cómoda hablando de su vida con alguien.

Mientras hablaban, Perla iba arreglando a Aureliana. Le había soltado el pelo y lo peinaba de manera distinta, parecía una de ellas. Le maquilló los ojos, estos ahora se veían aun mas bellos, el azul resaltaba haciendo contraste con el rojizo de su cabello. Le puso brillo labial en los labios y al hacer esto, la olió. "Gardenias blancas... El perfume de una princesa. Esta bien, es muy bueno pero, vamos a ver cómo te asienta este." - extrajo de un baúl un frasco en cristal rojo y asperjó la joven con una fragancia exótica, suave pero exótica.

Aureliana cerró los ojos, sintió un golpe en el pecho y una corriente recorrió todo su cuerpo concentrándose en su entrepiernas. La gitana se dio cuenta de la reacción y soltó una carcajada. Meme se sintió aun mas incomoda. "Tranquila mi reinita, esto es muy normal. Poco a poco, suavemente, te irás acostumbrando. Este es mi regalo de bodas. Úsalo cuando vayas a ver por primera vez a tu amado. Me lo agradecerás." La Meme insistió en que debían partir y Aureliana a regañadientes accedió. " Perla, gracias por tu hospitalidad. Fue un gran placer el conocerte. Gracias también por esta fragancia tan rica que me has regalado. Mira que he tenido perfumes caros, pero ninguno parecido a este. Esta noche subiré con mi tía a la Plaza. ¿Te veré?" Perla se viró a mirarla y sonrió de manera extraña: "Siempre que alguien quiere encontrarme, me encuentra." - dio la vuelta y las dejó a la entrada del campamento donde Juaco las esperaba.

Camino a la casa no habló nada. Parecía ser otra, parecía hipnotizada. Solo pensaba en su encuentro con la gitana y en la noche que le esperaba.

"Llegaron bien. Aureliana, ¡te ves espectacular! Nunca te había visto arreglada así. Meme, ¿qué le ha pasado a nuestra niña? Y esa fragancia, nunca la habías usado. Creo que a tan sólo una noche en la casa de playa, las cosas en tu vida están tornándose de colores no sabías existían. Alejandro va recibir una grata sorpresa cuando te vuelva a ver querida." Así las recibió la tía Marí en la estancia.





Nota:
Se que muchos ya han leído mis borradores de la novela gitanesca que estoy escribiendo, mas otros no y me han pedido conocer algo sobre ella, Perla. Voy a ir trayendo los primeros borradores para beneficio de quienes están llegando ahora a su carreta y tan pronto tenga mas, los traeré...
Recuerden, ella siempre llega.

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