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lunes, 9 de enero de 2012

20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada - Pablo Neruda


1. 
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, 
te pareces al mundo en tu actitud de entrega. 
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava 
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.


Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros 
y en mí la noche entraba su invasión poderosa. 
Para sobrevivirme te forjé como un arma, 
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.


Pero cae la hora de la venganza, y te amo. 
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. 
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! 
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!


Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia. 
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso! 
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, 
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.


2. 
En su llama mortal la luz te envuelve. 
Absorta, pálida doliente, así situada 
contra las viejas hélices del crepúsculo 
que en torno a ti da vueltas.


Muda, mi amiga, 
sola en lo solitario de esta hora de muertes 
y llena de las vidas del fuego, 
pura heredera del día destruido.


Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro. 
De la noche las grandes raíces 
crecen de súbito desde tu alma, 
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas, 
de modo que un pueblo pálido y azul 
de ti recién nacido se alimenta.


Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava 
del círculo que en negro y dorado sucede: 
erguida, trata y logra una creación tan viva 
que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.


3. 
Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, 
lento juego de luces, campana solitaria, 
crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, 
caracola terrestre, en ti la tierra canta!


En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye 
como tú lo desees y hacia donde tú quieras. 
Márcame mi camino en tu arco de esperanza 
y soltaré en delirio mi bandada de flechas.


En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla 
y tu silencio acosa mis horas perseguidas, 
y eres tú con tus brazos de piedra transparente 
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.


Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla 
en el atardecer resonante y muriendo! 
Así en horas profundas sobre los campos he visto 
doblarse las espigas en la boca del viento.


4. 
Es la mañana llena de tempestad 
en el corazón del verano.


Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, 
el viento las sacude con sus viajeras manos.


Innumerable corazón del viento 
latiendo sobre nuestro silencio enamorado.


Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, 
como una lengua llena de guerras y de cantos.


Viento que lleva en rápido robo la hojarasca 
y desvía las flechas latientes de los pájaros.


Viento que la derriba en ola sin espuma 
y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.


Se rompe y se sumerge su volumen de besos 
combatido en la puerta del viento del verano.


5. 
Para que tú me oigas 
mis palabras 
se adelgazan a veces 
como las huellas de las gaviotas en las playas.


Collar, cascabel ebrio 
para tus manos suaves como las uvas.


Y las miro lejanas mis palabras. 
Más que mías son tuyas. 
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.


Ellas trepan así por las paredes húmedas. 
Eres tú la culpable de este juego sangriento.


Ellas están huyendo de mi guarida oscura. 
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.


Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, 
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.


Ahora quiero que digan lo que quiero decirte 
para que tú las oigas como quiero que me oigas.


El viento de la angustia aún las suele arrastrar. 
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.


Escuchas otras voces en mi voz dolorida. 
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. 
Amame, compañera. No me abandones. Sígueme. 
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.


Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. 
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.


Voy haciendo de todas un collar infinito 
para tus blancas manos, suaves como las uvas.


6. 
Te recuerdo como eras en el último otoño. 
Eras la boina gris y el corazón en calma. 
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. 
Y las hojas caían en el agua de tu alma.


Apegada a mis brazos como una enredadera, 
las hojas recogían tu voz lenta y en calma. 
Hoguera de estupor en que mi sed ardía. 
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.


Siento viajar tus ojos y es distante el otoño: 
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa 
hacia donde emigraban mis profundos anhelos 
y caían mis besos alegres como brasas.


Cielo desde un navío. Campo desde los cerros. 
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! 
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos. 
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.


7. 
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes 
a tus ojos oceánicos.


Allí se estira y arde en la más alta hoguera 
mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago.


Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes 
que olean como el mar a la orilla de un faro.


Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, 
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.


Inclinado en las tardes echo mis tristes redes 
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.


Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas 
que centellean como mi alma cuando te amo.


Galopa la noche en su yegua sombría 
desparramando espigas azules sobre el campo.


8. 
Abeja blanca zumbas --ebria de miel-- en mi alma 
y te tuerces en lentas espirales de humo.


Soy el desesperado, la palabra sin ecos, 
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.


Ultima amarra, cruje en ti mi ansiedad última. 
En mi tierra desierta eres la última rosa.


Ah silenciosa!


Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. 
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.


Tienes ojos profundos donde la noche alea. 
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.


Se parecen tus senos a los caracoles blancos. 
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.


Ah silenciosa!


He aquí la soledad de donde estás ausente. 
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.


El agua anda descalza por las calles mojadas. 
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.


Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. 
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.


Ah silenciosa!


9. 
Ebrio de trementina y largos besos, 
estival, el velero de las rosas dirijo, 
torcido hacia la muerte del delgado día, 
cimentado en el sólido frenesí marino.


Pálido y amarrado a mi agua devorante 
cruzo en el agrio olor del clima descubierto, 
aún vestido de gris y sonidos amargos, 
y una cimera triste de abandonada espuma.


Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única, 
lunar, solar, ardiente y frío, repentino, 
dormido en la garganta de las afortunadas 
islas blancas y dulces como caderas frescas.


Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos 
locamente cargado de eléctricas gestiones, 
de modo heroico dividido en sueños 
y embriagadoras rosas practicándose en mí.


Aguas arriba, en medio de las olas externas, 
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos 
como un pez infinitamente pegado a mi alma 
rápido y lento en la energía subceleste.


10. 
Hemos perdido aun este crepúsculo. 
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas 
mientras la noche azul caía sobre el mundo.


He visto desde mi ventana 
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.


A veces como una moneda 
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.


Yo te recordaba con el alma apretada 
de esa tristeza que tú me conoces.


Entonces, dónde estabas? 
Entre qué gentes? 
Diciendo qué palabras? 
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe 
cuando me siento triste, y te siento lejana?


Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, 
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.


Siempre, siempre te alejas en las tardes 
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.


11. 
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas 
la mitad de la luna. 
Girante, errante noche, la cavadora de ojos. 
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.


Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. 
Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, 
mi corazón da vueltas como un volante loco. 
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, 
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. 
Quejumbre, tempestad, remolino de furia, 
cruza encima de mi corazón, sin detenerte. 
Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. 
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella. 
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga. 
Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. 
Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio, 
ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas.


Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, 
es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. 
Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas 
para qué tocarla ahora, para qué entristecerla.


Ay seguir el camino que se aleja de todo, 
donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, 
con sus ojos abiertos entre el rocío.


12. 
Para mi corazón basta tu pecho, 
para tu libertad bastan mis alas. 
Desde mi boca llegará hasta el cielo 
lo que estaba dormido sobre tu alma.


Es en ti la ilusión de cada día. 
Llegas como el rocío a las corolas. 
Socavas el horizonte con tu ausencia. 
Eternamente en fuga como la ola.


He dicho que cantabas en el viento 
como los pinos y como los mástiles. 
Como ellos eres alta y taciturna. 
Y entristeces de pronto, como un viaje.


Acogedora como un viejo camino. 
Te pueblan ecos y voces nostálgicas. 
Yo desperté y a veces emigran y huyen 
pájaros que dormían en tu alma.


13. 
He ido marcando con cruces de fuego 
el atlas blanco de tu cuerpo. 
Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. 
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta.


Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, 
muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. 
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. 
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal.


Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. 
La soledad cruzada de sueño y de silencio. 
Acorralado entre el mar y la tristeza. 
Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles.


Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. 
Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido. 
Así como las redes no retienen el agua. 
Muñeca mia, apenas quedan gotas temblando. 
Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. 
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. 
Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. 
Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. 
Triste ternura mía, qué te haces de repente? 
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío 
mi corazón se cierra como una flor nocturna.


14. 
Juegas todos los días con la luz del universo. 
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. 
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto 
como un racimo entre mis manos cada día.


A nadie te pareces desde que yo te amo. 
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. 
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? 
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.


De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. 
El cielo es una red cuajada de peces sombríos. 
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. 
Se desviste la lluvia.


Pasan huyendo los pájaros. 
El viento. El viento. 
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. 
El temporal arremolina hojas oscuras 
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.


Tú estás aquí. Ah tú no huyes. 
Tú me responderás hasta el último grito. 
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. 
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.


Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, 
y tienes hasta los senos perfumados. 
Mientras el viento triste galopa matando mariposas 
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.


Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, 
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. 
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos 
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.


Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. 
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. 
Hasta te creo dueña del universo. 
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, 
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.


Quiero hacer contigo 
lo que la primavera hace con los cerezos.


15. 
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, 
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. 
Parece que los ojos se te hubieran volado 
y parece que un beso te cerrara la boca.


Como todas las cosas están llenas de mi alma 
emerges de las cosas, llena del alma mía. 
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, 
y te pareces a la palabra melancolía.


Me gustas cuando callas y estás como distante. 
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. 
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: 
déjame que me calle con el silencio tuyo.


Déjame que te hable también con tu silencio 
claro como una lámpara, simple como un anillo. 
Eres como la noche, callada y constelada. 
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.


Me gustas cuando callas porque estás como ausente. 
Distante y dolorosa como si hubieras muerto. 
Una palabra entonces, una sonrisa bastan. 
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


16. 
Paráfrasis del poema 30 de "El jardinero" por Pablo Neruda a R. Tagore


En mi cielo al crepúsculo eres como una nube 
y tu color y forma son como yo los quiero. 
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, 
y viven en tu vida mis infinitos sueños.


La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, 
el agrio vino mío es más dulce en tus labios: 
oh segadora de mi canción de atardecer, 
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!


Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa 
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. 
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo 
estanca como el agua tu mirada nocturna.


En la red de mi música estás presa, amor mío, 
y mis redes de música son anchas como el cielo. 
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. 
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.


17. 
Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. 
Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie. 
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes, 
enterrando lámparas. 
Campanario de brumas, qué lejos, allá arriba! 
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías, 
molinero taciturno, 
se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.


Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa. 
Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti. 
Mi vida antes de nadie, mi áspera vida. 
El grito frente al mar, entre las piedras, 
corriendo libre, loco, en el vaho del mar. 
La furia triste, el grito, la soledad del mar. 
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.


Tú, mujer, qué eras allí, qué raya, qué varilla 
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora. 
Incendio en el bosque! Arde en cruces azules. 
Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz. 
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.


Y mi alma baila herida de virutas de fuego. 
Quien llama? Qué silencio poblado de ecos? 
Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad, 
hora mía entre todas! 
Bocina en que el viento pasa cantando. 
Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo.


Sacudida de todas las raíces, 
asalto de todas las olas! 
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.


Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad. 
Quién eres tú, quién eres?


18. 
Aquí te amo. 
En los oscuros pinos se desenreda el viento. 
Fosforece la luna sobre las aguas errantes. 
Andan días iguales persiguiéndose.


Se desciñe la niebla en danzantes figuras. 
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. 
A veces una vela. Altas, altas estrellas.


O la cruz negra de un barco. 
Solo. 
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda. 
Suena, resuena el mar lejano. 
Este es un puerto. 
Aquí te amo.


Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte. 
Te estoy amando aún entre estas frías cosas. 
A veces van mis besos en esos barcos graves, 
que corren por el mar hacia donde no llegan.


Ya me veo olvidado como estas viejas anclas. 
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde. 
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta. 
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.


Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos. 
Pero la noche llega y comienza a cantarme. 
La luna hace girar su rodaje de sueño.


Me miran con tus ojos las estrellas más grandes. 
Y como yo te amo, los pinos en el viento, 
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.


19. 
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, 
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, 
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos 
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.


Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras 
de la negra melena, cuando estiras los brazos. 
Tú juegas con el sol como con un estero 
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.


Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca. 
Todo de ti me aleja, como del mediodía. 
Eres la delirante juventud de la abeja, 
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.


Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, 
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. 
Mariposa morena dulce y definitiva 
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.


20. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.


Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".


El viento de la noche gira en el cielo y canta.


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.


En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.


Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.


Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.


Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo.


Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido.


Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.


La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.


Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.


De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.


Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.


Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
mi alma no se contenta con haberla perdido.


Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. 
  
  



La canción desesperada


Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. 
El río anuda al mar su lamento obstinado.


Abandonado como los muelles en el alba. 
Es la hora de partir, oh abandonado!


Sobre mi corazón llueven frías corolas. 
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!


En ti se acumularon las guerras y los vuelos. 
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.


Todo te lo tragaste, como la lejanía. 
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!


Era la alegre hora del asalto y el beso. 
La hora del estupor que ardía como un faro.


Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, 
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!


En la infancia de niebla mi alma alada y herida. 
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!


Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. 
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!


Hice retroceder la muralla de sombra, 
anduve más allá del deseo y del acto.


Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, 
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.


Como un vaso albergaste la infinita ternura, 
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.


Era la negra, negra soledad de las islas, 
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.


Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. 
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.


Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme 
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!


Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, 
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.


Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, 
aún los racimos arden picoteados de pájaros.


Oh la boca mordida, oh los besados miembros, 
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.


Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo 
en que nos anudamos y nos desesperamos.


Y la ternura, leve como el agua y la harina. 
Y la palabra apenas comenzada en los labios.


Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, 
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!


Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, 
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!


De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. 
De pie como un marino en la proa de un barco.


Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. 
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.


Pálido buzo ciego, desventurado hondero, 
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!


Es la hora de partir, la dura y fría hora 
que la noche sujeta a todo horario.


El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. 
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.


Abandonado como los muelles en el alba. 
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.


Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. 
Es la hora de partir. Oh abandonado!


Esta obra fue escrita por Pablo Neruda

José Ignacio Restrepo-Escritor LENTA BELLEZA


José Ignacio Restrepo-Escritor
LENTA BELLEZA


Los niños de ese lugar
deletrean lentamente,
se tardan para hablar del viento,
mientras sonríen
mirando las cometas…
no compiten,
acaso su lentitud se haga instrumento,
en tanto los reyes de estos siglos
con sus jornadas entre siervos y dinero,
pasan velozmente,
frente a sus ojos de escasos parpadeos,
ellos
especiales para siempre,
algo tristes por la prisa de todos,
velan ante el paso
de una columna de hormigas...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
• Copyright © 

Xabbep Felipe

Xabbep Felipe
Toda mi vida he estado esperando a quien amar,
He estado esperando una señal,
No sé si serás tú mi ángel…
Dame esa señal,
Día a día…
Atraves de los años te he estado buscando,
Ángel de mis sueños,
Dame a soñar en tus alas,
Llévame entre nubes…
Dame de tu amor,
Cúrame de esta soledad,
Ángel de este sueño,
Que día a día…
Atraves de los años
Y de rodillas he pedido,
Dame esa señal,
Para que me cobijes
Bajo el manto de tus alas
Día a día, año tras año hazlo…


María Fernanda Castro
si el amor abre heridas en vez de cerrarlas, es sólo una mala imitación, y si le creemos, estamos colaborando poniéndole sal, cuando el amor es verdadero es azúcar que en la debida medida endulza el corazón y cicatriza toda herida...
maría fer

Floreció tu jardín.- 436. Cesar Martinez Puig


Cesar Martinez Puig
aquí en Barcelona hace un tiempo primaveral, incluso he tomado el sol.
Floreció tu jardín.- 436.


Floreció tu jardín ya es primavera,
y a tu patio volvieron los colores,
esplendoroso mes, abril de flores,
¡como brilla la hierba en la pradera!.


Canta y busca la alondra compañera,
declaman los jilgueros trovadores,
volvieron a la fuente ruiseñores,
y el pescador de nuevo a la escollera.


A la tarde vendrás a buscar rosas,
a relajarte en el banco soleado,
a leer ese libro inacabado,


envuelta en las fragancias de mimosas,
Como acuden a ti las mariposas,
Como adoras el tiempo relajado.


César enero del 2012.

Martha Lyda Marulanda Rodriguez MI PENSAMIENTO


Martha Lyda Marulanda Rodriguez╣║╣MI PENSAMIENTO.╣║╣


╣La lluvia corre veloz calle abajo
y se lleva mi pensamiento..
lo aporrea inmisericorde entre las piedrecillas
empantana mis suspiros que lo acompañan,
al llevarlos calle abajo.
¡ Pobre pensamiento mio !
La lluvia corriendo calle abajo,
lo hunde entre las alcantarillas inundadas,
lo obliga que se alargue enredándose
en los arboles, detras de cada raiz desnuda,
solo es un naufrago extraviado
sobreviviendo en pequeña embarcacion de ideas.
Yo me quedo aqui, tras el frio cristal
seca como mi bluza, tratando inútilmente
de hallar y rescatar mi pensamiento
mientras la lluvia incesante juega con el, 
lo maltrata, se burla, lo engaña, lo persigue
con golpe de dados transparentes.
Este pensamiento mio, colonizando el frío
y empapado pavimento; se pierde,
se escurre, se desliza, se esfuma...
y la lluvia regresa a mi ventana 
con dedos de hueso vitrificado, y besa mi imagen
a traves del vidrio, y yo me quedo inmóvil,
seca perdida en mi confusion al sentir
que mi pobre pensamiento corrio peregrino,
arrastrado por la lluvia ¡ calle abajo !
dejandome fria y abandonada 
en la noche tempestuosa y desierta de emociones
desierta de besos, desierta de ti, 
solo me acompañaba mi pobre pensamiento,
y ahora el tambien se a ido con la lluvia
corriendo veloz ¡ calle abajo !!!
♫ MARTHA LYDA MARULANDA RODRIGUEZ.♪

Raquel Norma Smerkin Roitman


Raquel Norma Smerkin Roitman
El amor no pasa por la piel,
ella es el reposo que necesita
para descansar en su andar...
Escucha los pájaros trinar,
huele el aroma de las flores,
visualiza los hermosos colores
que el alba te impone,
camina por la arena descalza,
de noche y queriendo
abrazar a cada estrella,
para absorver su brillo de nacar,
siente las holas mansas
que te mojan los tobillos,
que te salpican las mejillas...
Todo eso es amor de maravillas,
y lo encuentras, no en una cama
cuerpo a cuerpo con tu amante,
lo hallas en la transparencia
que la creación te transmite
con total devoción
y tú la alimentas
con tu etérea pasión...
Ese amor, no pasa por la piel,
trasciende toda barrera
habida y por haber,
no tiene franteras,
te habla de un mundo de leyendas,
en el que la primavera
es su mayor ofrenda...
El amor no pasa por la piel,
corre su sangre dorada
por todas las partículas del aire,
pasa y en brisa se transforma,
porque es su idioma,
el idioma del amor
que todo con su toque mágico
lo nombra...
El amor no pasa por la piel,
es más de lo que se espera de él,
es más de lo que somos,
es la esencia de la vida,
el amor es el embeleso
que encuentras
en el mundo inabordable
de la poesía...
Autoría: Raquel Norma Smerkin Roitman
8.01.2012
Todos los derechos reservados
Hiver ...

domingo, 8 de enero de 2012

Martha Lyda Marulanda Rodriguez FUGITIVA.


Martha Lyda Marulanda Rodriguez
☼♫♪♥ FUGITIVA. ♥♪♪☼
♫ Fugitiva..escapo del lecho tibio
que aprisiona mis caderas,
me evado buscando el latigazo
del humedo beso, mi voz se torna ronca
de tanto gritar tu nombre,
llamandote a curar mi herida
que aun no cauteriza...
Fugitiva me pierdo en el espacio
con mis pasos sin pies, anhelando encontrarte 
y abrir tus ojos, encender tus pasiones...
Vago por tu habitacion, sin que me sientas,
trepo a tu cintura y me abrazas
sintiendome sin tocarme,
tocandome con tu sueño, y entre suspiros y realidades
me apodero de tu esencia de hombre,
aunque no puedas explicarte que sucede,
que no encuentras mi presencia,
solo sentirme puedes, solo sentirte puedo.
Tal vez nunca sienta el roce real de tus manos...
quiza no llegues a recorrer mi anhelante cuerpo,
no sentiras mi fragancia, ni respirare tu perfume;
mas, sabes que fugitiva nocturna
siempre llegare a tu enloquecida intimidad
con mis besos de fuego y el aleteo de mis manos
cual mariposas inquietas e indecentes,
con mi enronquecida voz viajando
por tus oidos impalpables gotas de mis palabras
mojando tus sueños, mordiendo tu anhelo,
quebrando las barreras de tu cordura,
rompiendo los esquemas del ya recorrido placer...
Fugitiva escapo de tu lecho, dejandote un sentimiento
entre incredulo y extasiadamente pleno,
tu cuarto queda lleno de mi, de mi madrugada
de polvo de estrellas esparcido en tu cuerpo;
regreso a mi aposento
cubierta de lejanias, de gotas de gritos,
con mis cabellos mecidos al viento
y mi ansiedad desnuda... mi carne sonriendo pensativa
en tu cintura, en tu esencia y en tus placeres de luna menguante.♫☼
♫ MARTHA LYDA MARULANDA RODRIGUEZ.

TE FUISTE DESPACIO ( MERCEDES PASTOR )


TE FUISTE DESPACIO ( MERCEDES PASTOR )
de Mercedes Pastor FA,


TE fuiste despacio y en silencio
y nunca te conocí pero a´pesar
de no vernos nunca frente a frente
surgió un gran amor .
Y ese amor se convirtió en
una tortura para los dos
y por eso decidiste alejarte
de mi sombra y alimentarte
de sus recuerdos que fueron
 hermosos y llenos de esplendor
Me estoy acostumbrando a vivir
sin poder leer tus palabras que
han penetrado tan adentro de
mi alma que he de seguir pensando
constantemente en tu sombra
e imaginarme tu cara y deseando
que ésta no se borre jamás
Mercedes Pastor
8 enero 2012

ESTRATEGIA de Hector Gil De Lamadrid,


ESTRATEGIA de Hector Gil De Lamadrid


Crece en forma natural.
El afecto en nosotros.
Frágil como el cristal.
Brioso como un potro.


Controlando impulsos.
Dejándome llevar.
Conociendo tus gustos.
Me comienzas a amar.


Esa es mi estrategia.
Permitir que prenda.
Como una flor regia.
Me colaré en tu agenda.


Hasta que pronto admitas.
Cuanto estas enredada.
Que a tu vida me invitas.
Porque estás enamorada.


Derechos Reservados Héctor Gil De Lamadrid Orlando 2010
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PAISAJE DE PORTICI DE MARIANO FORTUNY


PAISAJE DE PORTICI DE MARIANO FORTUNY


PAISAJE DE PORTICI 1874
Acuarela 46,5x 32 cm
Museo Nacional del Prado, Madrid

En la fertil producción de Fortuny , el paisaje ocupa un lugar
cualitativamente importante . De hecho podría afirmarse
que las pinturas del artista que pueden adscribirse plenamente
a este género datan de su período de formación en Reus y 
Barcelona.

Ya instalado en Roma , es cuando comienza propiamente su 
carrera profesional , no cultiva el género, salvo en estudios 
preparatorios , o como telón de fondo de sus composiciones.
En cambio, a partir de su estancia en Granada , Fortuny va 
mostrando un interés cada vez mayor por la representación
de escenas al aire libre y, concretamente , por los efectos 
luminícos y de los celajes que ocupan una parte importante
de la composición , si bien en la mayoría de ellas el pintor
incorpora una escena con figuras que, en definitiva , es la 
que adquiere un mayor protagonismo.

Cuando Fortuny llega a Portici en el verano de 1874, su 
lenguaje artístico iba a experimentar un cambio decisivo,
fruto de diversos factores de índole bien distinta . Por una
parte, la decidida voluntad de prescindir de las imposiciones
de su marchante y " pintar para mí , a mi gusto y todo lo que
me de la gana " como él mismo había manifestado poco 
después de su llegada a Portici.

Al mismo tiempo , durante aquel verano , Fortuny, alejado
de las obligaciones de su taller en Roma , vivió por primera
vez en contacto con la naturaleza  y especialmente con el
mar, que se podía contemplar magníficamente desde una 
terraza de Villa Arata, la casa " con el mar por un lado y
un jardín por el otro " que Fortuny y su familia ocuparon
en aquella población en la bahía de Nápoles , en la falda 
del Vesubio, lo cual, por su luz y por su clima , reunía las
características de dos lugares tan apreciados por el artista
como el norte de África y Andalucia

En Paisaje de Portici  Fortuny el encuadre eleva la linea 
del horizonte. El atrevido encuadre muestra un terraplén
en primer término con zonas sombreadas en contraste
con unas construcciones de color ocre y marrón que 
reciben una luz intensa por el lado izquierdo , mientras
que somete el lado derecho del lienzo a una semipenumbra.
El color del cielo de un azul intenso es nítido sin que una 
sola nube aparezca por el horizonte

Corina Tanagra 
8 enero 2012

Eve Violeta Gauna Piragine II Soles de Arena


Eve Violeta Gauna Piragine II
Soles de Arena


En tus oídos yacen 
mis sueños...
Aún espero que entiendas
que el amor 
es tan basto y profundo
que en él 
naufragan perdidos
perdiendo sentido
los navíos del tiempo. 
Entre nosotros 
estallarán tantos 
soles de arena...
Serán tantos
como tú quieras
Pero por cada sol
habrá una luna
hambrienta 
de nosotros. 
Y seguiremos 
siendo "nosotros",
por que no existe 
el tiempo
en la medida del amor
cuando se ama
sin medidas. 
Las incertidumbres
de los mañanas
estallarán 
con cada sol de arena
y se los devorará 
una luna llena
de la certeza
que no existe el tiempo
en la medida del amor.


Eve V.Gauna Piragine

Carmen Soriano Lopez Tú


Carmen Soriano Lopez
Tú

Tú eres el amor de mi vida
tú y todos los tú que te habitan
los que me llevan a cielo
sobre cometas anuros
o los que sin piedad me derriban
en el punto de cruz y el pomelo
de tu lado más oscuro…

Tú eres el amor de mi vida
que nació muerta sin remedio
y sólo sabe habitar cementerios
o perder su luz en agujeros negros…

Tú eres el amor de mi vida
plantas bucles de luz en mi macetero
del que solo brotan poemas
y un par de austeras sonrisas
pero son también lo único vivo
que adorna y llena mi cornisa…

Tú eres el amor de mi vida
el único ser verdadero
capaz de hallarme en mi desierto
zahorí experto del tuyo propio
que en su amplitud abarcó lo nuestro
siendo sin ser al mismo tiempo
divorcio vital del pan y el hambre
de la ubicuidad imposible y el miedo.

Tú eres el amor de mi vida
el único instante inmutable
la noesis más productiva
la certeza irrefutable
de que una vez y suficiente
fui un ser humano y estuve viva
razón última y verdad primera
que gobierna mi palabra cuando dice
que eres tú y para siempre
el único don
el primer latido
y el último escudo entre la muerte
y la razón del corazón dividido…

Carmen Soriano López 
Todos los derechos reservados

SOBRE LA TIERRA QUE AMAMOS Y HUMILDEMENTE VIVIMOS! de Luisa Margarita Garcia,


SOBRE LA TIERRA QUE AMAMOS Y HUMILDEMENTE VIVIMOS!
de Luisa Margarita Garcia, 
Voy a besar la tierra sobre la que andamos
encima de ella se pulverizan mis huesos
las vértebras suspiran sus últimos suspiros
mientras la tierra aguanta las quebrantadas pisadas
de metódicos, apocopados, andariegos,solitarios
también de muchedumbres ardidas en busca de derechos.
2
La tierra no cesa en sus gemidos al mismo tiempo que alimenta
es ambidiestra  a la hora de repartir los bocadillos
y no duerme, ni pestañea su lluvia, aunque existan desiertos
y grietas en las vidas de los menesterosos.
3
!Ah si supiera cómo siento su rugido más allá del universo
cómo siento su canto que deslumbra pero no ciega
esa tierra mia y de tantos, que solloza y ríe
que arropa y desampara, mientras se desnarizan utopias!
4
Tierra por la que corren los autos contaminando
avalanchas que inundan los silencios con estampidos
y otros pies que allanan los sueños que se han soñado
con promesas y cuentos que fallecen mientras los miro.
5
Mas la tierra está sosteniéndonos, con su fragua
sin desconocer los estertores y su predominio
también oye los sonoros besos de los que aman sin pausas
las pieles incineradas de sortilegios y quimeras
y los susurros y quejas de los vampiros con sangre.
6
Irregular tierra, que amamaranta* a sus hijos, aunque lejos
tierra que es mundo para cualquiera y para otros miga
guijarro en el zapato de algunos que la olvidan
despropósito en el cardumen de los muerto vivos.
7
Para mi todo y nada, nada y todo...cerros, valles, montañas
dios y hombre, creencia y descreído, fanático y oráculo
humos en las sendas y neblinas del entendimiento en crujidos
todo menos muerte rapaz, desesperanza, lamido, lamer laberinto
de lo que no quiere querer, aún queriendo, cada mal nacido
sobre la tierra que amamos y humildemente vivimos!

LUISA GARCÍA
07-01-12

*amamaranta: que alimenta y aguanta, sostiene.