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martes, 12 de marzo de 2013


Al hombre sin nombre la mujer eterna

Me llegaré al altar del hombre 
en ofrenda de huída y rebeldía. 

Hombre de ahora y de siempre, 
abre tu mano a recibirme 
y levántame al cielo como una hostia. 
aunque soy sólo pétalo de lágrima. 

Hombre nuevo y eterno, 
escúchame. 
sobre tu pecho roto 
llamo y clamo. 

Mi palabra golpea 
-obsesionante ala obsesionada- 
contra las sienes. 

Mi palabra del grito 
te taladra la frente, 
sangre de luz de la herida 
bautizará por un instante, 
hombre frágil, 
a la mujer eterna. 

eterna como el sueño fugaz. 

Yo te miro sin ojos desde siempre. 
tú me llevas en ti desde que existes. 
Si antes no lo sabías, 
ahora 
ya no lo puedes olvidar. 

Yo he crecido en el mar 
sobre una ola que se alargó 
para volverse tallo. 
En ese tallo de agua limpia 
he subido a mirar a los ojos de Dios. 

Ahora me inclina un hálito a tu mano, 
y estoy en ti como la mujer muerta 
por la que todos los hombres han llorado. 

Tú también has llorado 
por tu hija, por tu madre, 
por la mujer eterna de cuya muerte vives. 

Ya no lo puedes olvidar. 

Cuando tus ojos caminen en la sombra, 
sentirás todavía por el cuerpo 
una dulzura amarga y tibia: 
beso en las palmas juntas 
y una paloma que huye de tus dedos. 

Con mi cara de piedra 
yo estoy en la otra orilla. 

Existo para ti en este momento; 
y para mí no existo 
porque soy más que eterna en cinco letras. 

En el altar de Hombre fuerte como la vida, 
hombre de hierro y hielo, 
metal, sangre y espíritu, 
cae la ofrenda íntegra 
de la mujer lejana. 

Mujer de canto y llanto 
eterna como el sueño.
Foto: Al hombre sin nombre la mujer eterna

Me llegaré al altar del hombre 
en ofrenda de huída y rebeldía. 

Hombre de ahora y de siempre, 
abre tu mano a recibirme 
y levántame al cielo como una hostia. 
aunque soy sólo pétalo de lágrima. 

Hombre nuevo y eterno, 
escúchame. 
sobre tu pecho roto 
llamo y clamo. 

Mi palabra golpea 
-obsesionante ala obsesionada- 
contra las sienes. 

Mi palabra del grito 
te taladra la frente, 
sangre de luz de la herida 
bautizará por un instante, 
hombre frágil, 
a la mujer eterna. 

eterna como el sueño fugaz. 

Yo te miro sin ojos desde siempre. 
tú me llevas en ti desde que existes. 
Si antes no lo sabías, 
ahora 
ya no lo puedes olvidar. 

Yo he crecido en el mar 
sobre una ola que se alargó 
para volverse tallo. 
En ese tallo de agua limpia 
he subido a mirar a los ojos de Dios. 

Ahora me inclina un hálito a tu mano, 
y estoy en ti como la mujer muerta 
por la que todos los hombres han llorado. 

Tú también has llorado 
por tu hija, por tu madre, 
por la mujer eterna de cuya muerte vives. 

Ya no lo puedes olvidar. 

Cuando tus ojos caminen en la sombra, 
sentirás todavía por el cuerpo 
una dulzura amarga y tibia: 
beso en las palmas juntas 
y una paloma que huye de tus dedos. 

Con mi cara de piedra 
yo estoy en la otra orilla. 

Existo para ti en este momento; 
y para mí no existo 
porque soy más que eterna en cinco letras. 

En el altar de Hombre fuerte como la vida, 
hombre de hierro y hielo, 
metal, sangre y espíritu, 
cae la ofrenda íntegra 
de la mujer lejana. 

Mujer de canto y llanto 
eterna como el sueño.

YOLANDA BEDREGAL        (Bolivia, 1916 - 1999)
YOLANDA BEDREGAL        (Bolivia, 1916 - 1999)