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viernes, 6 de julio de 2012


Hasta que hiele.
de Karla Stöker, el jueves, 5 de Julio de 2012 a la(s) 5:45 ·
Karla Stöker. Derechos Reservados.

Un detalle de mi parte ;) : http://www.youtube.com/watch?v=hq26_-gbe64

Era una noche fría y con toques de estado taciturno, la escarcha había dejado de azotar el buen viento, y comenzaba curiosamente a caer finos copos de nieve, las copas de los sombreros comenzaban a llenarse de ellos. Las lámparas que alumbraban las calles más angostas parecían estar congeladas en un corto espacio de tiempo. La temperatura bajaba cada vez más. Los edificios con una arquitectura un tanto gótica estaban más que habitados, pero muy pocos indecentes tenían sus luces prendidas, juraría que pude haber oído las respiraciones de las personas, y si el silencio hubiera sido absoluto, quizás , si fuese un perro, oiría hasta las palpitaciones del corazón, las hojas secas comenzaban a hacer remolinos fantásticos por doquier, una danza, a la cual, nadie saldría a admirar. Había un puente... y ahora que a mi memoria viene cada vez más, parecía estar ''sudando todo el frío que había entonces'', los caballos que habían dejado cruelmente atados a los carros negros, comenzaban a inquietarse, el frío no iba a perdonar, a lo lejos podía verse sus heladas figuras moviéndose de un lado a otro, como si se tratase de una carrera profesional. Ahora, el ruido que hacían era insoportable. Un perro corrió de un extremo del puente hacia el otro, desapareciendo entre la neblina tan inmensa que la noche provocó. Suponiendo que fueron las nubes culpables de todo esto, la luna no asomó ni un momento su cuerpo bañado de plata, estaba muda, igual que todo lo que había ahí. ¡Qué terrible y qué nostálgica estaba la noche! ¿Quién iba a soportar un escenario tan tétrico? Un escenario para que dos se despidieran quizás, para siempre. O para que un caballero sin mucho que hacer saliera a pensar por las calles , las cuales ya lloraban frío. La temperatura bajó un poco más.
Eran las 11.37 de la noche, una noche con estado taciturno y finos copos de nieve cayendo más bien como dagas, los caballos se callaron, pues sabían , que nadie saldría en su ayuda. Mi silencio estuvo presente todo ese tiempo.