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martes, 26 de junio de 2012


Raquel Norma Smerkin Roitman
Fuego de amor...

Somos como dos leños, ardientes en la pasión del misterioso sortilegio, ése que hace que ardamos por dentro, llegando hasta la piel del sentimiento... Revolcados en las brazas nos unimos en un deseo eterno, nos nutrimos mutuamente, de ese fuego de amor, porque al amarnos nos vamos deshaciendo como cenizas del dolor... pero luego resucitamos hechos clamor, gritamos nuestras ansiedades por poseernos intensamente, para que las escuche Dios, porque no existe el pecado, cuando es verdadero amor, cuando se agrietan las manos y los labios, de tanto besarnos, de tanto saciarnos, hasta el cansancio, por eso al disolvernos, volvemos a nuestra esencia, como reveladoras presencias, y nos convertimos reiteradas veces en fuego de amor, juntos entrelazados y profundamente enamorados, quemados, resucitados de entre los leños, que parecen consumirse lentamente, pero vuelve a reavivarse nuevamente el fuego... fuego de amor... así, eternamente...pasamos de la muerte enamorada, a la resurrección...

Raquel Norma Smerkin Roitman