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lunes, 26 de marzo de 2012

Romance satírico de
Pues me hacéis casamentero, Ángela de Mondragón, escuchad de vuestro esposo las grandezas y el valor. Él es un médico honrado, por la gracia del Señor, que tiene muy buenas letras en el cambio, y el bolsón. Quien os lo pintó cobarde no lo conoce, y mintió, que ha muerto más hombres vivos que mató el Cid Campeador. En entrando en una casa tiene tal reputación, que luego dicen los niños: Dios perdone al que murió. Y con ser todos mortales los médicos, pienso yo que son todos venïales comparados al doctor. Al caminante en los pueblos se le pide información, temiéndole más que a peste, de si le conoce, o no. De médicos semejantes hace el rey, nuestro señor, bombardas a sus castillos, mosquetes a su escuadrón. Si a alguno cura y no muere, piensa que resucitó, y por milagro le ofrece la mortaja y el cordón. Si acaso estando en su casa oye dar algún clamor, tomando papel y tinta, escribe: "ante mí pasó". No se le ha muerto ninguno de los que cura hasta hoy, porque antes que se mueran los mata sin confesión. De envidia de los verdugos maldice al corregidor, que sobre los ahorcados no le quiere dar pensión. Piensan que es la muerte algunos; otros, viendo su rigor, le llaman el día del juicio, pues es total perdición. No come por engordar, ni por el dulce sabor, sino por matar la hambre, que es matar su inclinación. Por matar mata las luces, y, si no le alumbra el sol, como murciélagos viven a la sombra de un rincón. Su mula, aunque no está muerta, no penséis que se escapó, que está matada de suerte, que le viene a ser peor. Él, que se ve tan famoso, y en tan buena estimación, atento a vuestra belleza, se ha enamorado de vos. No pide le deis más dote de ver que matéis de amor, que, en matando de algún modo, para en uno sois los dos. Casaos con él, y jamás de viuda tendréis pasión, que nunca la misma muerte se oyó decir que murió. Si lo hacéis, a Dios le ruego que gocéis con bendición; pero si no, que nos libre de conocer al doctor.

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