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lunes, 27 de mayo de 2013

MARIPOSA DE OTOÑO Pablo Neruda

La mariposa volotea 
y arde -con el sol- a veces.

Mancha volante y llamarada, 
ahora se queda parada 
sobre una hoja: que la mece.

Me decían: -No tienes nada. 
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada. 
Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja 
llena de otoño el horizonte. 
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: -No tienes nada. 
No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas. 
El sol, ahora, 
convalece.

Todo se va en la vida, amigos. 
Se va o perece.

Se va la mano que te induce. 
Se va o perece.

Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso. 
Se va o perece.

Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, 
convalece.

Su lengua tibia me rodea. 
También me dice: -Te parece.

La mariposa revolotea,
revolotea,
y desaparece.