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sábado, 9 de marzo de 2013



Gabriela Mistral

Adiós

En costa lejana
Y en mar de pasión,
Dijimos adioses
Sin decir adiós.
Y no fue verdad
La alucinación.
Ni tú la creíste
Ni la creo yo,
"Y es cierto y no es cierto"
Como en la canción.
Que yendo hacia el sur
Diciendo iba yo:
"Vamos hacia el mar
Que devora al sol".
Y yendo hacia el norte
Decía tu voz:
"Vamos a ver juntos
Dónde se hace el sol".
Ni por juego digas
O exageración
Que nos separaron
Tierra y mar, que son
Ella sueño y él
Alucinación.
No te digas solo
Ni pida tu voz
Albergue para uno
Al albergador.
Echarás la sombra
Que siempre se echó,
Morderás la duna
Con paso de dos...
Para que ninguno,
Ni hombre ni dios,
Nos llame partidos
Como luna y sol;
Para que ni roca
Ni viento errador,
Ni río con vado
Ni árbol sombreador,
Aprendan y digan
Mentira o error
Del sur y del norte,
Del uno y del dos.



Amor, amor


Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,

Late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡Lo tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,

Ruegos tímidos, imperativos de amar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡Lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.

Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡Lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,

Argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡Le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras;

Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡Que eso para en morir!