Seguidores

martes, 13 de noviembre de 2012


Héctor Abad Gómez, médico colombiano, cae asesinado en el centro de Medellín a manos de un par de sicarios. En su bolsillo, dos papeles meticulosamente doblados: una lista de las personas amenazadas de muerte por la derecha iracunda (donde 
figuraba su nombre), y un poema, “Epitafio”, que el autor le atribuye a Borges:



Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán, y que es ahora,

todos los hombres, y que no veremos.



Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y el término. La caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los triunfos de la muerte, y las endechas.



No soy el insensato que se aferra

al mágico sonido de su nombre.

Pienso con esperanza en aquel hombre



que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del Cielo

esta meditación es un consuelo.