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lunes, 1 de octubre de 2012



Jose Huete García
HALO
Amor,
hoy mis versos no son apasionados,
el gallo cantó como de costumbre
su alarde de macho reinante,
La Luna se asomó a mi ventana
para despedirse con un beso en mi frente,
el mar me ha susurrado al oído
las viejas historias que dibujan el horizonte.
la llama de la vela en su pausado vaivén
me ha traído el ondular de tus caderas,
como siempre.

Mas, una ráfaga de viento,
blanca y gélida como la nieve,
ha recorrido toda mi espalda
y penetrado por las rendijas de mi alma,
de repente.

Se ha silenciado el canto del gallo,
La Luna ha corrido despavorida
a refugiarse en una nube negra
con relámpagos entre sus dientes,
el mar se ha callado, displicente,
la llama de tus caderas
ha apagado al ardor de tu vientre...

De mi blanca cuartilla
ha sido borrada hasta la última letra
de esos versos de pasión irreverente,
y mis dedos atemorizados
a recorrer los lindes de tu deseo
ya no se atreven.

Quizás,
esta madrugada me ha rozado
ese halo de viento del Norte,
cuando tus labios de fresa madura.
sin vida se han quedado,
y en ellos he encontrado
la frigidez de todo lo que muere.

(José M. Huete Gacía. julio 2012)