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viernes, 13 de julio de 2012


CHARCOS SON... NIDOS DE OLVIDO
de

, el Viernes, 13 de Julio de 2012 a la(s) 7:35 ·
Caminante del sol, por tajos y quebrado,
mira la brújula asida a sus mapas plantares
y el mundo todo, detrás suyo,
marcha con sus rodillas y colgajos de piel
anidando temores en la tierra muerta.

Como revolotea la rapiña, heraldos del olvido,
juglares conversos de luna envejecida.
Serán nuestros ancestros vigilantes,
si sus muertes, ay,
no se retuercen en bibliotecas
de escribas y jinetes del adiós.

Se llevaron sus lápidas en cartón genuflexo,
y nuestras son esas huellas, avisos del ayer.
El cielo no tiende velos al futuro,
se incineran esperanzas y quietudes.
Las águilas luminosas abandonaron su reino,
son huestes arando la carroña de los senderos.

Y el caminante, descubre sus escalofríos
la boca jadeante suplica ante un sol enceguecido,

… son muchos los corazones de azúcar tierna,
esperando su resurrección en melaza
hasta pintar sus pieles intactas,

… son muchos los vientres fervorosos,
son esferas a punta de vuelo y nubes,
esperando a sus semillas y las siembras venideras,

… son muchos los músculos desfallecientes,
dejarán sus raíces entre los abismos secos
esperando a sus recuerdos, futuros profetas
del nuevo mundo.

Y los viejos caminos huirá al sinfín,
dejarán sus despojos
en las entrañas y los surcos.
La esencia resurge montaraz e inquieta,
hay charcos postreros, son nidos sin nombre.

Será el futuro, será la esperanza
hijos son del mundo renacido
retornando a la tierra
… retornando a la vida.



Fotomontaje: Cien del desierto (del blog Al Master desconocido)

viernes, 6 de julio de 2012


SON TUS LIENZOS... SON RESPLANDORES
de Hugo Manrique, el Viernes, 6 de Julio de 2012 a la(s) 6:43 ·
Las eras de tu piel
danzan sus conjuros,
alabanzas de tus velos,
transparentes intramuros.

Los caminos horadaron
jardines y bosques…
son tus canales de luna llena
liberando la luz,
acuarelas extasiadas
de tus sueños cristales,
… por ser hortensias petrificadas,
centinelas de tu brillo.

Las semillas crecieron
y la fe renovada emerge.
Son tus centros siderales,
son pétalos despertando…

Serán los mohines
de algún sol en espera
quebrando
sus brazos candentes
en esa luna que tímida
no aquieta
sus temblores deshojados.

Mi pincel agota sus matices,
la tierra colorea sus confines,
siembran mis pulmones
renovando los vientos
que exhalarán
el futuro de mi sangre
escribiéndose
sobre los lienzos de tu alma…

por siempre
….pintura de mi cielo,
por siempre
….canto de mis manos.



Luna. Fotomontaje tomado del blog librodearena

viernes, 22 de junio de 2012


MOSAICOS
de

·
No es la luna que quieta
retuerce las miradas
hasta besar el dorso
de su propia historia.

No es la tierra que baila
sobre el mismo candil sideral;
… sus manos ya desprenden
ramas quebrando recuerdos,
… su pasado ya despide besos
de sal fosilizada.

No, no es el encuentro
de la tierra y el mar
y de éstos con las nubes
danzando nuestros temblores.

¡ Jamás…jamás pudo serlo ¡

Y nuestros ojos
deslumbrándose están
con sombras de colores,
cabalgando esas nubes
torpes y lascivas.

¿Donde entonces
las raíces de nuestros miedos
y el conjuro de las alegrías
si no hay cielos ciertos?

¿Donde las respuestas
para morderle las manos
a las umbrías de mis dudas?

… ¿Dónde?

Extinguidos están los latidos
de la madre tierra,
tantas veces evocados.
Un charco de agua gris,
agonizando está bajo el sol.
Brilla con su último estertor
y escupe imágenes postreras.

Las respuestas elevan
sus velos sin color,
respirando por cascajos.
Estuvieron lejanas,
sin distancias a pie,
con nuestras manos dentro,
inquietando canales viscerales.

Serán nuestras entrañas
construyendo nuevos senderos,
nuevas borrascas sin destinos;
y si alguien ha de llegar,
pionero por siempre ha de ser
en sus miradas interiores,
conversas e insurrectas,
de sus propios
mosaicos libertarios.

Ojo, mosaico, peke. Fotomontaje de la artista Edel Rzepka

viernes, 8 de junio de 2012


TAÑIDOS DE AMOR, INTESTINOS DE ODIO de Hugo Manrique



Sus ojos intentan hablar,
los labios lagrimean sus miedos
y las pieles… sus tersuras
sembrando están los corazones
tierra abajo, cuando son cenizas.

Sus manos suplican…
sus años cenicientos
sin haber nacido, están ahí,
mirándose entre sí,
son párpados, son horizontes
que llegarán a sus puertas
sin tocar las campanas recién despiertas.

Miran las guadañas de carne
que regurgitando están sus odios
cuando son dinastías y abismos
resucitados, asfixiantes,
… quebrantados.

Y sus anhelos esparcen esquirlas,
las gargantas se bendicen,
sus salivas están construyendo
recuerdos prestados,
sin garantía de sus pechos,
sin cuotas en sus temblores.

El futuro llegó sin aviso
soplándoles tañidos finales,
son sus minutos postreros
y los capullos brotan
con sus sueños de vida eterna:

SERÉ,
bombero de cenizas aquietadas, enfermera con desvelos de ternura,
doctor de manos milagrosas, ingeniero de rascacielos afectuosos,
arquitecto de templos libres, cocinero de sabores transparentes,
bibliotecario de recuerdos honestos, policía de sonrisa justiciera,
conductor de caminos fervorosos, astronauta de estrellas con brazos,
fotógrafo de instantes eternos, juez de balanzas perfectas,
periodista de noticias azules, profesor de tesoros escondidos,
sastre de satines arrullando huesos, salvavidas de peces besando peñascos,
abogado defendiendo montañas inocentes, traductor de todos los idiomas y sus hombres,
soldado defendiendo el canto de los grillos,
escritor de noches cabalgando la luna,
poeta de inciensos cerrando las heridas en los vientos
seré, seré,
seré…

Se escucha, se escucha,
el dolor ya tiene boca,
los dientes, sus aspares
se encienden en las ventanas
y son libres de vidrios añicos
volando lejos de los suelos
que humanizados intentarán
arrullar su sangre, su río desbordado.

Y no lo saben los sables de tierra herida,
será la ceguera de sus fusiles fabricados
con el desagüe de sus intestinos.

Será la sordera de sus chaquetas
acicalando el óxido de sus medallas.

Será, será, la indiferencia
acumulando almas retraídas
en toda la tierra,
mirando con las manos apretadas.

Nadie sabe, nadie
y ya son lienzos de amor
lloviendo sobre las nubes.
Nuestras manos se extienden,
cruzan los brazos y las fronteras.
Los cielos serpentean
estrellas hasta el suelo…

y caen
sobre nuestras conciencias,
caen y caen sin cesar
pétalos desplegando alas
y tajos abiertos.

Ya son tersas, ya son libres
nuestras flores gimientes
nuestros niños durmientes
… hijos son
de la tierra, del barro
sembrando nuestros párpados
ante los nuevos días
por siempre … para siempre.

A LA MEMORIA DE LOS 49 NIÑOS MÁRTIRES DE AL HOULA, SIRIA. NUESTROS NIÑOS.
MAYO 2012

Los niños muertos. Oswaldo Guayasamin, 1942
http://www.pr.gov.br/mon/exposicoes/guayasamin_fotos.html

viernes, 11 de mayo de 2012


CUANDO LA CUMBRE SE HIZO VIENTRE (Del poemario "Cada tiempo con su tersura")
de Hugo Manrique, el Viernes, 11 de mayo de 2012 a la(s) 6:12 ·
Como silba el tiempo deshojando
los calendarios pegados a las palmas.
Algunos surcos ya crecieron
y la madurez de sus entresijos
no necesitan arados plegados
por el cielo abrazando a la tierra.

Las piedras secas se conjuran
entre sí y humedecen sus bordes
olvidados para saltar por los techos,
que suspirando dejaron entrar
a las doncellas y danzarinas
de tierra y barro limpios para mirar
absortas…

… Esas sus manos, ésas
que acariciaron clavos y pedazos
de amor con los ojos desorbitados
(y sus brazos doblados hasta el suelo).

Esas sus manos, ésas
que acariciaron las esencias
entre dátiles y espinas
con tan enérgicas miradas,
núbiles y mozas de madera fresca.

Esas sus manos, ésas
acariciando un vientre cercano
a la nueva cordillera allende
a sus latidos, desde siempre
y hasta los confines
de los sembríos en su piel.

Esas son sus nuevas huellas,
acariciando otras entrañas
… mineras en socavones de flores
… pioneras en candiles de miel
y cera bebiendo sus propios
manantiales de matriz eterna.

Y alguna mariposa distraída
por la tersura de sus adentros,
posará sus alas abiertas
sin mirar lo avanzado de la noche.
Y le enseñará sus primeros colores
amasando las mixturas en crayones
y arcillas hasta tocar la música
en sus oídos aún forasteros.

Son los artilugios de la noche
suplicando acompañar a sus pies,
inflados con soplos rosales
y besos almácigos,
en su nuevo camino
de piedras blancas
y sombras buenas.

Y por fuera, el mundo sin mirarse
por ninguna parte, ya escucha
la sonrisa sin aspares besando
su vientre por dentro.
Abrirá sus nuevas falanges
y ha esperar a las últimas hojas
del calendario para ver
su llanto de tierra adentro
y pulmones con briznas
de rumbo antiguo
… hasta pintar
con buenas nuevas
a ese su vientre,
… nido de maleza azul,
… pesebre en su quietud.



MATERNIDAD. Óleo de Lisa Yuskabage

viernes, 16 de marzo de 2012

MIRANDO SUS MANOS... Y LOS NUDILLOS DE SU ALMA
de


La doña vieja, la doña bella
quiebra su mirada ante la puerta
de sus propias palmas y relame
sus recuerdos encogidos,
queriendo empuñar
viejos corceles trotando
entre las dunas quietas
y las fronteras de cementos,
invadiendo los últimos valles
de su aliento.

Cuentan sus párpados que alguna vez
cimbreó sus pisadas ante las losetas
que ¡ay! perdieron su equilibrio
la armonía y el silencio,
por solo mirar a su sombra
de arcoíris al acecho.

Y recuerda los suspiros de sus labios
y los riachuelos de su piel,
regalando pasiones a las ventanas
siempre abiertas a las mañanas,
que regocijadas soñaban
con orgasmos plácidos
y sus rocíos de pétalos satisfechos.

Y miró hacia atrás, a su silueta
desafiando a esos crepúsculos grises
convertidos en saurios
y centinelas arcedianos,
siempre dispuestos a la inquisición
en esas noches sin luna
de expiaciones y culpas.

Y el tribunal de fantasmas insepultos
la condenó a envejecer
mirando la vida por detrás del espejo
y por debajo, las cortinas cerradas
por la sal endurecida
en su prejuicio visceral.

Y borraron sus huellas
y ataron sus mares,
hasta quebrar la bruma
y sus lágrimas de piedra herida.

Y sus pies fueron desterrados
en las memorias de las calles
y las inquietudes mozas fueron
prohibidas de invocar su nombre.

La bella desafío su destino
de princesa plebeya en las aceras
… y corrió entre las paredes desoladas,
… y luchó por la piel y sus caricias
… y encogió las flores de su vida,
untadas con bálsamos sustraídos
a las piedras eternas, cuando éstas
se rindieron ante el mediodía
musitando su última liturgia.

Y nuestra bella se marchó
con la mirada pegada a su dorso
agitando sus manos para despedirse
del viento juglar y las flores
que cándidas y juguetonas no
dejaron de llorar su partida.

Y el tiempo de la tierra transcurrió.
Los relojes envejecieron sin mirar
sus manijas y minuteros.
La historia abandonó a ese pueblo
de fantasmales edictos,
y solo quedó la quietud mirando
a su pasado también inconmovible.

La bella retornó, y detrás suyo
la siguieron los nuevos tiempos
con los brazos abiertos.
Su talle se acompañó
con un esbelto hálito de sabiduría
y sed de porvenir.

Las manos endurecidas
quemaron los clavos hundidos
a sus propios suelos, y marcharon,
entre jadeantes y taciturnos,
dejando atrás a esa agonía
abandonada a su letargo.

Los caminos se retorcieron
y los panales del nuevo mundo
sembraron su miel y su calor.
Y lo ominoso … nunca más retornó.

Fue así que doña Bella,
refundó las flores y los campos,
dio refugio a las nuevas aves
y sus vuelos de luz mirando
a los cielos frescos.
Y envejeció
bendiciendo a las aceras,
desde sus ventanales
de ceras resplandecientes.

La doña vieja, la doña bella
siguió mirando sus manos
y los nudillos de su alma
sonriendo a esa heroína
de piel y cenizas
que nunca se rindió
ante el olvido
pisando la nobleza,
y la maldición implorando
a lo postrero.

“Abaporu” - Tarsila do Amaral - 1928

sábado, 25 de febrero de 2012


QUE VIVAN LAS BRIZNAS FRESCAS (PARTE I)
de Hugo Manrique, el sábado, 25 de febrero de 2012 a la(s) 4:18 ·
Y este sol de tardes comunes
no engrandeció sombra alguna
entre la muchedumbre de puños,
abrazando historias que
renunciaron a su propio final.

Y las sombras conjugadas están,
avanzan sus rastros, aquietan
sus espadas de tinta y papel
y el color de sus calles
no serán las mismas
ante sus gritos de tierra
y crestas aulladoras.

Son sus pechos abiertos
por el tajo de los rumbos grises,
y los cielos se agazapan para ver
sus entrañas de cauces pulidos,
almácigos tiernos y recogidos.

Y rugirán los tambores corporales
contra las estelas postreras de sus mares,
violentados por los abismos impíos,
sosteniendo su lumbre con las
manos sin cortar de sus inequidades.

Se lanzan las proclamas,
cual cubiletes sedientos de agua dulce,
y su marcha de ríos y espuma verde
no se detendrá ante la noche cómplice
de sus avatares y flancos grises.

¡Y que vivan las voces sin cuello!
y los torsos desnudos ofrendados
al sol de los tiempos sin gloria.

¡Y que vivan y pervivan!
las montanas descoloridas
por perder en apuestas viles
sus pétalos todavía húmedos
y de bordes sangrantes.

Es la serpiente de la vida,
vorágine que cimbrea el polvo
de los caminos.
Y tanta es su luz redentora
que las calles liberaron sus losetas
de carmín y espejos subterráneos.

Y tan fuerte es su aroma
que las paredes soltaron de
sus manos a los adobes,
hijos de su propio futuro,
para despedirlos con lágrimas
de brillo tenaz y libertario.

Y tan altas y anchas
son sus planicies,
que los árboles miraron
absortos a sus ramas y raíces
y las entregaron, tiernas y tímidas,
a la marcha de los caminos.

Y quedaron los mares ocultándose
detrás de la noche,
y sin más que decir
resoplaron hacia atrás, para luego
avanzar hacia las tierras secas
uniendo sus algas danzantes
a los destinos en porvenir.

¡Todos están allí…todos!

¡Y que vivan las palmas sin paños grises!
y las mañanas de besos quietos
y caricias atravesando pieles.

¡Y que vivan y revivan!
los dioses buenos y los héroes
saltibamquis de nuestros ojos.

¡Y que vivan pues!
las briznas frescas
de nuestras memorias limpias.

Y advertidos están los rincones
que espantaron a las esperanzas,
y las miradas que huyeron
de las estrellas y sus propios sueños.

Aquí están naciendo
los nuevos tiempos,
con los mismos sudores
y colores regados
por los antiguos y ancestros.

Y no habrá vientos traicioneros
que quieran debilitar
a sus luces nuevas,
pintándoles un rostro insurrecto
a las tardes inquietas
y a sus futuros tornasoles.

Fotografia Briznas 
© J. Antonio Herrera F

viernes, 17 de febrero de 2012


ESCULTURA Y ALIENTO
de Hugo Manrique
Gimen los últimos haces del día
y se retiran presurosos ante
las sombras crecientes y sin filo.
La noche ingresa por la piel
y hunde las rejillas de los recuerdos.

Sus párpados yacen quietos,
son montañas agotadas sobre
sus propias planicies,
y mis dolores, del día y de la tarde,
se preguntan sedimentados…

… ¿Debió ser la compañera
de mis sueños agrestes,
trascendiendo temores,
espadas de sangre y piel,
deleitando mis pasos de quietud?

¿Será tal vez que el pasado retuerce,
una vez más, a mis vertebras,
que dóciles se entregan al retorno,
arrancando losetas del presente
en su aletargada plenitud?

Y surge detrás de mi dorso,
una fierecilla de luz retorcida,
se agazapa entre las cortinas de mi visión
y levantando sus brazos de niebla blanca
se rebela ante la luna absorta,
que nada sabía de su presencia abismal,
y me ofrece recrear un nuevo cuerpo sideral
-sobre mi compañera-
hasta alcanzar el todo ideal.

Y me presenta a dos gaviotines,
carpinteros de punta caliza
y uñas de barro tibio,
que sigilosos traen las hebras
más luminosas desde su mundo,
de tacto impalpable y colores arrancados
de algún arco iris distraído en sus tardes…

… ¡Éstos serán sus cabellos!, me dicen,
vaivenes y olas mostrando
la frente a los cielos indiferentes,
y brillantes como las coronas
de princesas nativas olvidadas
por los juglares de viejos occidentes.

Más tarde, esa luz, retazo de luna impía,
traerá a dos cangrejos rojos,
reyes de los manglares y las conchas negras,
artesanos prodigiosos, ante los cuales
las piedras más duras y sin pasados piadosos
se convierten en arcillas y arenas
untuosas a sus tenazas de sal enmudecida.
Maestros de conjuros y decires
invocan a la tierra.
Y del cascajal y la piedra
surgen los sudores y aceites…

… ¡Ésta será su piel!, me dicen
y con los retazos endurecidos
nacerán las uñas, las pestañas
y las cejas matutinas.
Moldearán los pliegues y los plexos,
robarán cristales en riberas
al borde del mundo y las cascadas,
y depositarán sus primeras miradas
en las fronteras y los abismos,
y los unirán a los cabellos resplandecientes
que danzarán con sus primeros latidos.

Debilitada por los hechizos
y sin la bendición de la luna insomne,
esa luz se sienta en el andén
y me presenta a dos pumas de valles quietos,
con mirada taciturna hacia sus propios suelos,
y entre sus garras,
escritas están las fórmulas recónditas.

Y sus pisadas de cruces marcarán el suelo
hacia la montaña desnuda,
más cercana a su aliento de caverna,
olvidada por el aire y el sonido,
y posarán sus brazos sobre el barro inerme
hasta vaciar la vida en las cumbres.

¡Y resoplarán los primeros estertores!,
con los pálpitos de las eras terrenales,
ojos de horizontes movedizos,
gritos de volcanes adolescentes…

…¡Ahí tienes a una mujer perfecta!, me dicen,
la naturaleza toda se conjuró a sí misma,
aplacando lavas candentes con sus centros de fuego.

Todavía absorto, retorno la mirada
hacia la silueta reposada en su noche.
Sus párpados encierran la luz de un día
desfalleciente, por llegar a la penumbra,
dejando sus alientos y labios atendiendo
a mis rutinas conmovidas.

Y la naturaleza toda
no podrá recrear sus recuerdos.
Tampoco sus latidos acelerando calles,
cuando escucha mi pecho abierto
y olfatea mis ojos secos, ávidos
por sus regazos de noches frescas
y briznas abriendo puertas.

Y mis dedos dejaron de ser necios,
pues tocaron la tersura infinita
que sus manos construyeron para mi,
y mis pulpejos de mundo inquieto
serán los únicos que podrían reconocer
la magia de sus velos sobre piel y escarcha,

por ser mi compañera,
         la perfección
                 y el asombro

que la naturaleza no pudo recrear
a partir
        de mis dudas insondables
               y mis temores de cielo gris.