Porque el amor es simplemente eso: la forma del comienzo tercamente escondida detrás de los finales. Roberto Juarroz .
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viernes, 23 de abril de 2010
an bien descrita está que a nadie ha de molestar:
Con diez millones de votos
De arrepentidos o ingenuos
Ganaron las elecciones
Y entraron en el gobierno
Unos pillos socialistas
Que se llamaban obreros
Sin tener un solo callo
En la yema de los dedos
Gran revuelo entre las gentes
Causó el acontecimiento
Hubo bailes y charangas
Entre la gente del pueblo.
Zapatero y sus compinches
Habían ganado el duelo
Al pie del puño florido
Hicieron su juramento
Con la rosa por testigo
Los ministros prometieron
Dar trabajo, hacer justicia
Predicar con el ejemplo
Pasaron algunos meses
Y al llegar al año y medio
Las rosas ya estaban secas
Y sus promesas volaron
Cual hojas que lleva el viento
Todo se llenó de pícaros
Trepadores y mastuerzos
Políticos sin gramática
Donjuanes de medio pelo
Tragaldabas, tragaperras
Traga cargos, traga sueldos
Y en menos que canta un gallo
Nos dejaron medio en cueros
Las calles y plazas públicas
Los mercados y paseos
Se llenaron de chorizos
Robaperas, descuideros
Tramposos, trapisondistas
Mangantes y presos sueltos
La corte de los milagros
Salió del túnel del tiempo
Y volvieron los mendigos
Los parados, los hambrientos,
Por miles las prostitutas
Con sus chulos al acecho
Invertidos, maricones
Zorras de pelaje nuevo
Ambulantes de la droga
De esos que llaman “camellos”
En calzón van pensionistas,
En perniles los obreros,
Empresarios en pelotas,
Contribuyentes en cueros,
Los ladrones en la calle,
Los tontos al Ministerio,
Los ministros en Mercedes,
Los electores al huerto,
Indultos a terroristas,
Y guardias al cementerio.
Anónimo.( Puede ser cualquier español con uso de razon)
De arrepentidos o ingenuos
Ganaron las elecciones
Y entraron en el gobierno
Unos pillos socialistas
Que se llamaban obreros
Sin tener un solo callo
En la yema de los dedos
Gran revuelo entre las gentes
Causó el acontecimiento
Hubo bailes y charangas
Entre la gente del pueblo.
Zapatero y sus compinches
Habían ganado el duelo
Al pie del puño florido
Hicieron su juramento
Con la rosa por testigo
Los ministros prometieron
Dar trabajo, hacer justicia
Predicar con el ejemplo
Pasaron algunos meses
Y al llegar al año y medio
Las rosas ya estaban secas
Y sus promesas volaron
Cual hojas que lleva el viento
Todo se llenó de pícaros
Trepadores y mastuerzos
Políticos sin gramática
Donjuanes de medio pelo
Tragaldabas, tragaperras
Traga cargos, traga sueldos
Y en menos que canta un gallo
Nos dejaron medio en cueros
Las calles y plazas públicas
Los mercados y paseos
Se llenaron de chorizos
Robaperas, descuideros
Tramposos, trapisondistas
Mangantes y presos sueltos
La corte de los milagros
Salió del túnel del tiempo
Y volvieron los mendigos
Los parados, los hambrientos,
Por miles las prostitutas
Con sus chulos al acecho
Invertidos, maricones
Zorras de pelaje nuevo
Ambulantes de la droga
De esos que llaman “camellos”
En calzón van pensionistas,
En perniles los obreros,
Empresarios en pelotas,
Contribuyentes en cueros,
Los ladrones en la calle,
Los tontos al Ministerio,
Los ministros en Mercedes,
Los electores al huerto,
Indultos a terroristas,
Y guardias al cementerio.
Anónimo.( Puede ser cualquier español con uso de razon)
jueves, 22 de abril de 2010
miércoles, 21 de abril de 2010
Carta de una mujer con sida

Querida Maite: Te pediría una oración por mi, para que mi cuerpo se curara, para que el virus desapareciera, se muriera y me dejara en paz. Pero aun con este horrible huésped he de sentirme afortunada. Qué se yo del sida, ni siquiera con seguridad como entró en mi cuerpo, talvez por varias vías, pero eso ya no importa. Qué se yo del sida, siglas en mayúscula que ignorante de la lingüística hago minúsculas para reducir el peso de sus letras, para que no griten. Qué se yo del sida, que lo provoca un virus enamorado de mis células, que solo vive por ellas, inocentes victimas de una violencia sin igual. Qué se yo del sida, informaciones manchadas con el negro color del miedo, fotos de cuerpos vinaceos, kaposis, hongos, herpes. Qué se yo del sida. Me duele África, me duelen las mujeres que paren sus hijos enfermos sobre la arena del desierto o la aridez de la sabana, me duelen los hombres ignorantes, los brujos pestilentes, me duele el hambre. Qué se yo del sida. Que algunos han llenado sus arcas. Es la vida dicen “la selección natural”, las grandes pandemias de la historia y niegan fármacos a los países pobres. Qué se yo de sida. Las irrisorias haches de los ochenta y vergonzosas de los noventa. Qué se yo de pandemias y de haches y de siglas. Soy solo una mujer enflaquecida, temerosa por la alerta de mi esqueleto andante, obsesionada por los rellenos plásticos que harán de mi cuerpo parte de la normalidad, si fuera posible. Y me siento afortunada por que nadie me negó su ayuda, con más conocimiento o menos dispongo de médicos, de sicólogos, de servicios impensables solo hace unos años cuando mis fémures, incapaces de sostener la cadera, temblaban gelatinosos. Y soy afortunada digo, por los fármacos que tomo cada día, aliados del ejercito maltrecho de mis células, aunque sufra daños colaterales. Nadie me marginó jamás. Tal vez por que escondí las siglas en el manto de grasa de mi cuerpo. Y me amaron y me abrazaron y me entendieron aquellos a quienes abrí mi corazón. Si, te pido una oración, una oración por los ignorantes, por los avaros, por los violentos. Una oración por los que padecen, por los que quedamos, una oración por los que se fueron. Publicado por maite galiana en 11/25/2007
por joel 14/02/2010 02:03 EN LA DISTANCIA

Tu recuerdo se desvanece en la distancia ¿Cuanto tiempo hace de aquel adiós? ¡Y las lagrimas que he vertido en aquel rincón! Cuanto dolor en la noche buscando sin hallar Aquellos besos tan dulces que nos solíamos dar Los paseos por la playa casi al clarear Y aquellas noches de luna bañándonos en el mar Nuestros cuerpos jadeantes fundiéndose entre si Ahora busco caricias ajenas que me ayuden a olvidar Para ver si me hierve la sangre para dejarte de amar Pero como poder borrar de la memoria aquellos días de ternura De fuego dolor y miel Esas palabras que me susurrabas, de que me servían si no eran más que falsedades Envueltas en la magia de tus besos como lienzos llenos de pinceladas de amor y poemas de melancolía Tu recuerdo se esfuma en la distancia y hasta creo poder olvidar tu anhelado nombre
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