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miércoles, 21 de abril de 2010

por joel 14/02/2010 02:03 EN LA DISTANCIA


Tu recuerdo se desvanece en la distancia ¿Cuanto tiempo hace de aquel adiós? ¡Y las lagrimas que he vertido en aquel rincón! Cuanto dolor en la noche buscando sin hallar Aquellos besos tan dulces que nos solíamos dar Los paseos por la playa casi al clarear Y aquellas noches de luna bañándonos en el mar Nuestros cuerpos jadeantes fundiéndose entre si Ahora busco caricias ajenas que me ayuden a olvidar Para ver si me hierve la sangre para dejarte de amar Pero como poder borrar de la memoria aquellos días de ternura De fuego dolor y miel Esas palabras que me susurrabas, de que me servían si no eran más que falsedades Envueltas en la magia de tus besos como lienzos llenos de pinceladas de amor y poemas de melancolía Tu recuerdo se esfuma en la distancia y hasta creo poder olvidar tu anhelado nombre

Poema 20,


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.” El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. ¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos! Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. ¡Qué importa que mi amor no pudiera guardarla! La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Yo no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.. Mi voz buscaba al viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo. Pablo Neruda (Poeta Chileno, 1904-1973)

Al final del camino, de Mayte Arenas Martinez

Cuando no este, cuando me haya ido
¿Seguirá la vida su rumbo?
Quizás el mundo deje de girar
¡Dónde iré a parar!
¿Seguirá la mañana surgiendo?
Cuando me valla, cuando no este
¿Los pájaros con sus trinos, dejaran de canturrear
¿Y el mar tan bravío dejara de bramar
¿Y los seres que más quiero, me dejaran de recordar
¡Donde iré a parar!
¡Me enloquece el pensar que se me marcha la vida!
Con tanto por terminar
Necesito tiempo y es lo que no me dan
Que la vida es un suspiro
Y me esta llegando el final
Adiós viento, adiós mi mar que me rebosaba de paz
Y este amor tan grande al que hoy dejo en libertad
Cuando me valla, cuando no este
¿Me iré a un lugar donde el tiempo nace?
Y el murmullo del viento te acaricia con suavidad
Atrás quedan tristezas, sinsabores alegrías y amores
Cada paso es una meta y de la vida es la muerte que ha de llegar
Cuando no este, cuando me haya ido, cuando me llegue el final

Carta de un padre


Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato. Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal. Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido. Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grite que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto. Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido? Luego escuche unos golpecitos en la puerta. "Adelante" dije adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te mire con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte? No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. "Hasta mañana papito" dijiste. ¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual. Tu tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabías demostrar amor. ¿Por qué me costaba tanto trabajo?, ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme? Después de un rato entré a tu habitación y encendí una lámpara con cuidado. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lagrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación. Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida. Desconozco su autor

HOTEL CASA ESPAÑA. Villaviciosa. Asturias

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Poema XX Neruda por Alex Ubago

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viernes, 16 de abril de 2010

REMEMBRANZAS


Recuerdos que me trasladan
a épocas vividas
sentimientos aflorados
las heridas, los amores
una inocencia perdida
aquel amanecer.
Recuerdos que traen
aromas de hierba y de mar
a pan a fuego y amor.
Tu sonrisa, tu mirada tu despedida…
mi libertad.
Recuerdos que me recuerdan mi soledad
y la hacen mas profunda.
Imágenes del pasado
que se archivan en mi mente
hojas en el otoño
la lluvia sobre mi rostro
espacios en el tiempo
que recuerdan años de tormentos.
Recuerdos que son sueños.
sueños que encierran un incierto pasado

MAYTE ARENAS

EL MAR

Te oigo crujir y tiemblo
espero y siento
como vas llegando a la ria,
penetras en ella como si la envistieras
bañando sus orillas y batiendo tus aguas
que se estrellan en la playa
asaltando su arena.
Mar que llenas mi vida
mirando tu infinito horizonte
¡cuantos secretos encierran tus profundidades!
amores jurados en un atardecer
con el marco de una puesta de sol
ahogando suspiros, sintiendo
como la brisa del mar acaricia mi piel
me pierdo entre la espuma de tus olas
en calma me llenan de paz
cuando te veo al amanecer
me haces amar e imaginar.
Meditar, amar, mirar, sentir
enamorarme del mar y de ti

MAYTE ARENAS

Facebook | EL MAR, de Mayte Arenas Martinez

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